Cada uno que se mida la suya

La verdad sea dicha llevar un blog, sea del estilo que sea, va despertando poco a poco en los que escriben en él un cierto espíritu de “marujeo” (ver nota 1 al final del post), y si uno ya tiene tendencia a intentar estar enterado de lo que pasa en el mundillo en el que tiene interés con el blog esta conducta se ve reforzada (al menos en mi caso).

Últimamente parece que está muy en boga en ciertos foros extranjeros (y en alguna lista patria está comenzando a verse también) el tema de las medidas de las armas y/o complementos tanto de batalla como “de civil”.

He visto recientemente una discusión en la que varios contertulios (cuyos nombres no voy a decir porque uno es “amiguete virtual” mío) discutían sobre este susodicho tema de las medidas esgrimiendo unos a Oakeshott por un lado, otros los yacimientos arqueológicos más próximos a su casa, y otros mucho me temo, usando una lógica que parece extraída de Mad Max. Y de todos los argumentos que se han usado en ningún momento se les ha pasado por la cabeza usar un poco la lógica, sino que la discusión fue una batalla de lanzamiento de datos. La verdad es que existen muchos condicionantes a la hora de que, históricamente, las armas tuviesen unas medidas u otras, personalmente yo destacaría los siguientes:

– Los materiales:

No tiene la misma resistencia un arma de bronce que una de hierro o una de acero. La dureza del material nos limita en parte la posible longitud del arma: si usamos un material blando tendremos que hacer un arma más corta, si la aleación es más dura pero más frágil tampoco conviene tener una superficie amplia por la que puede reverberar el golpe, etc, etc.

– El estilo de combate:

El estilo de combate está influido por muchos factores: los materiales, si se va a combatir con escudo o no, si se desarrolla un tipo de combate en formación o de escaramuza… y muchas otras cuestiones. Lo que nos importa aquí es que cada tipo y estilo de combate (y hasta cada combatiente) exigen un tipo de arma distinto, o longitudes distintas, para ser llevados a cabo con plena eficacia. Un arma de punta y corte de las de George Silver no sería un buen reemplazo para el gladio romano por mucho mejor que fuese la calidad de la espada de punta y corte, del mismo modo que la longitud de la espada de caballería romana no era la misma que la de la infantería porque el guerrero montado necesita, en este caso, un arma más larga.

Lo mismo pasa con los arcos, ¿para qué iba a querer un guerrero mongol un longbow inglés? su arco, más corto, es mucho mejor para disparar montado a caballo sin tener que hacer el esfuerzo que supone la apertura de un longbow y sin cargar con un arma mucho más larga y engorrosa sobre un caballo.

– El guerrero:

Y esto yo creo que es tremendamente determinante. Pongo un ejemplo claro: En el Museo Arqueológico de la Coruña hay varios ejemplares de puñales de antenas, y puedo prometer y prometo (ejercicio de memoria histórica para quien lo entienda) que en la empuñadura no me caben más de tres dedos de la mano. Y no estoy con esto presumiendo de tener una gran mano, sino que intento decir que la empuñadura es realmente pequeña. Pequeña para el estándar de tamaño actual, pero lo más probable es que el guerrero que la portaba (ya fuese de forma bélica o ceremonial) pudiese agarrarla con una cierta soltura. También tenemos claros ejemplos de expertos que indican que la longitud del arma debe estar acorde con el “tamaño” del guerrero. Yo siempre he oído (y también lo indica Guy Windsor en su “Swordsman’s Companion“) que la longitud de una espada de mano y media debía ser tal que puesta de pie el pomo llegase al esternón. Joseph Swetnam nos indica que la medida para una vara para combate (una quarterstaff) debe ajustarse al criterio de que sostenida en “hanging guard” puedas realizar un barrido amplio delante de ti sin que la punta se aleje demasiado y sin que toque el suelo. En ambos casos no hay una medida estándar, depende de quien la vaya a portar y usar.

Viendo esto ¿por qué hay gente que se empeña en discutir por cuatro o cinco centímetros en la longitud de una espada, o de 200-300 gramos en su peso? ¿Por qué se ven discusiones alrededor de 5 o 10 libras de potencia con respecto al arco de una época? Porque lo que algunos no han pensado es que igual la espada o el arco encontrados en un yacimiento eran de un tipo con unos brazos capaces de levantar un becerro sin demasiado esfuerzo y acostumbrado a realizar un esfuerzo físico del copón. Ese tipo probablemente usaría una espada capaz de desarrollar mucha más potencia que su vecino de al lado… y probablemente cualquiera de nosotros tendríamos que tomar muchos “chocokrispis” para manejar una espada como esa o abrir el arco sin dejarnos parte de nuestro ser en el intento.

Veamos esto con el ejemplo de un escudo de lágrima. Si yo me hago uno que se adapta a mis medidas y a cómo me gusta a mí para combatir y se lo presto a mi primo Alberto (nada personal Alberto) que es más bajo que yo, él tendría que ponerse casi de puntillas para mirar por encima del escudo; pero si ese mismo escudo se lo prestase a Pau Gasol nos iba a dar la risa porque parecería que se ha comprado uno de juguete.

Y no estoy diciendo nada nuevo, ni tampoco intento erigirme en adalid de ningún tipo de prístina sabiduría… son cosas que caen de cajón. Pero es innegable que hoy en día se está viendo una cierta tendencia al “copismo” en este mundillo bicéfalo de la recreación/esgrima y se busca la salida fácil de la compra del modelo estándar o de la creación de algo sin adaptarlo a uno mismo. Esto claro, queda ultrafardón en las fotos, pero resta calidad en el caso del recreacionismo y genera peligro en el caso de la esgrima (tanto para el propio tirador como para quienes tiran con él).

No tengamos en mente la frase de “el burro grande, ande o no ande”. A veces el burro es demasiado grande o demasiado pequeño, y más vale gastar un poco más en algo realizado con un procedimiento más artesanal que no gastar dos veces y con consecuencias.

Nota 1: Como siempre hay alguna feminista sin nada más que hacer (que ya me las he topado) que querer ver cuestiones de discriminación de género en expresiones como esa, hago constar que considero el marujeo un fenómeno masculino y femenino por igual. Así que hala, a dar la murga con ese temita a otra parte que voy estando un poco harto de correos estúpidos insinuando un tufillo a machismo en mis post.

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6 comentarios

  1. ¡Qué post tan combativo!

    Así me gusta, haz propaganda a los productos artesanos, que si un día me decido a vender algo, me vendrá estupendo.

  2. Si este te ha parecido combativo… espérate al siguiente, que voy a desahogar un poco de bilis que me han metido hoy por la mañana con un par de correos 🙂

  3. Pues es cierto, por ejemplo, todos me dicen que el escudo redondo de madera no era muy grande y que el mío de 70cm de diámetro es muy exagerado, a lo que yo retruco: Roberto III de Artoi medía incluso un par de centímetros menos que yo y él en su época era considerado un gigante.

    Da bronquita cuando se hacen los historiadores poniendose puntillosos con gilipolleses.

  4. Feliz navidad ^^ Que este año te traiga más conocimiento (y menos de los tocahuevos que mentas en esta entrada ;))

  5. Si al final la arquelogia es cuestion de suerte.
    Todas las teorias que podemos formular se basan en una pequeña porcion de informacion que se ha recuperado de la historia.

    Quien puede decir las lecciones del I.33 fueran la mejor tecnica de lucha con espada y broquel del S. XI?

  6. Pues sí. Hay algunos documentos que por su extensión y por como se los trata de referencia en otros textos de la época sabemos que son de cálidad reconocida en su momento… pero otros son “el único testigo” y su estudio lleva muchas veces a distintas interpretaciones.

    Esto nos lleva también a veces a la cuestión del enfrentamiento entre dos posturas totalmente lógicas:

    Postura 1: La comentada por “Uno que pasaba por aquí” de ¿quien nos dice que éstas eran las mejores técnicas de combate de la época?

    Postura 2: La que dice “¿Qué vamos a inventar nosotros ahora que no supieran ellos que vivían o morían de acuerdo a su manejo de la espada?”.

    Desde mi punto de vista ambas posturas son lógicas, y el debate con respecto a determinados tratados sería interminable. 🙂

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